Revisión y mantenimiento de los frenos de tambor, determinantes ante la antigüedad del parque vehicular

• ‘Elige calidad, elige confianza’ subraya su relevancia desde una triple perspectiva: la importancia de la frenada, la de que los vehículos equipados con este tipo de freno suelen ser antiguos y la previsión de que dado el contexto económico los conductores retrasen la renovación de sus vehículos
• La iniciativa también señala cómo y cuándo debemos sustituir este componente, así como a qué señales de alerta debemos atender

Madrid, 18 de febrero de 2021.- Es casi un acto reflejo si nos mencionan la palabra frenos en materia de automoción. Les ponemos apellido: “de disco”. Y si bien, aunque hoy día, los frenos más habituales que encuentran en los turismos son los frenos de disco, aún muchos vehículos antiguos y coches pequeños todavía se equipan con frenos de tambor en el eje trasero.
En este sentido, desde ‘Elige calidad, elige confianza’ (ECEC), iniciativa formada por fabricantes de componentes de automoción de primer nivel, inciden en la triple importancia que tiene llevar a cabo adecuadas revisiones y mantenimientos sobre este componente. No solo por la importancia que tiene en sí una adecuada frenada durante la conducción, sino por la antigüedad del vehículo que suele estar equipado con este tipo de freno, así como por la probabilidad de que los conductores retrasen la renovación de sus vehículos dado el contexto económico generado por la emergencia sanitaria, lo que hace aún más importante un “oportuno mantenimiento de los vehículos en pro de la seguridad vial”, según ECEC.

Cómo y cuándo sustituir el freno de tambor

ECEC señala que, aunque los diferentes elementos que componen un freno trasero (tambor, zapata, cilindro, tensor, muelles y seguros) tienen distinta durabilidad -el tambor dura más, por ejemplo, que el resto de los elementos- se recomienda sustituir todos los elementos al mismo tiempo. Igualmente, es importante impregnar una grasa especial de frenos en las partes móviles.
Si en una revisión en el taller se observa un tambor oxidado, o que presenta grietas, surcos o rayados, es señal de un deterioro que impedirá una frenada eficaz. Así, el freno de tambor debe sustituirse cuando esté deformado, con ranuras profundas o cuando su diámetro interno esté cercano al máximo indicado por el fabricante.
También es determinante un correcto estado de las zapatas que, junto con el tambor, realizan todo el esfuerzo de frenado, y especialmente en el freno de estacionamiento. Además, el material de fricción de las zapatas debe cumplir con el Reglamento 90 de la legislación europea y ser respetuoso con el medio ambiente.
Una vez sustituido el conjunto del freno de tambor, para lograr una frenada eficaz y compensada es necesario realizar un rodaje de asentamiento, evitando frenazos bruscos durante los primeros 200-500 kilómetros.

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