Norauto desvela las 5 claves que todo conductor debe conocer antes del gran salto
La tendencia es imparable: el segmento de los SUV (Sport Utility Vehicle) sigue dominando las matriculaciones en España. De hecho, prácticamente 2 de cada 3 coches vendidos el año pasado pertenecen al segmento SUV. Sin embargo, pasar de un compacto a un SUV no es solo una cuestión de estética o espacio, implica cambios significativos en la conducción, el mantenimiento y el gasto operativo. Norauto, la cadena de mantenimiento integral del automóvil, analiza los puntos críticos que los usuarios deben tener en cuenta para que el cambio de segmento no suponga una sorpresa para su bolsillo ni para su seguridad.
Los vehículos SUV suponen ya más del 60% de cuota de mercado. Su estética robusta, diseño moderno, versatilidad de espacio, ergonomía y posición de conducción elevada son algunos de los motivos que están impulsando este trasvase de usuarios desde los compactos y berlina tradicionales hacia este segmento.
“El paso a un SUV suele estar motivado por la comodidad, pero es fundamental que el conductor entienda que el mantenimiento y el comportamiento dinámico son ligeramente distintos”, afirma Víctor Pardo Lozano, Responsable de Mantenimiento y Reparación Electrónica de Norauto España, quien añade que “los neumáticos, los frenos, los amortiguadores y las rótulas son algunos de los componentes que más desgaste sufren de forma prematura y, por lo tanto, el mantenimiento es fundamental para garantizar que el vehículo está en perfectas condiciones”.
Cinco factores que hay que tener en cuenta
1- El mantenimiento de los neumáticos: más peso, mayor exigencia
Un SUV es, de media, entre un 15% y un 20% más pesado que un compacto o berlina equivalente. Este peso extra, sumado a un centro de gravedad más alto, somete a los neumáticos a un mayor estrés, especialmente en curvas y frenadas. Por todo ello, “es vital revisar la presión con mayor frecuencia y no escatimar en la calidad del compuesto, ya que la distancia de frenado de un SUV es intrínsecamente mayor”, señala Víctor Pardo, de Norauto España.
Si además se trata de un híbrido o un eléctrico, las baterías hacen que este peso se incremente.
Además de la presión, hay que revisar que los neumáticos no tengan bultos, cortes o deformaciones. A la hora de cambiarlos, siempre hay que optar por aquellos que recomiende el fabricante. Éstos suelen ser neumáticos de mayor tamaño para soportar precisamente ese peso extra.
2- Mayor consumo y menos aerodinámica
A pesar de la eficiencia de los motores modernos, un SUV tiene una mayor resistencia aerodinámica. Esto se traduce en un consumo de combustible o energía (en el caso de los eléctricos) superior al de un compacto.
3- Mayor desgaste de frenos y amortiguadores
Detener una masa mayor requiere más energía. Las pastillas y discos de freno de un SUV suelen desgastarse más rápido si se realiza una conducción urbana intensa. Asimismo, la suspensión trabaja bajo mayor presión para evitar el balanceo de la carrocería.
4- La visibilidad y el aparcamiento
Aunque la posición elevada mejora la visibilidad frontal, los SUV suelen tener más “puntos ciegos” en la parte trasera y lateral inferior. Además, sus dimensiones pueden complicar el aparcamiento en plazas diseñadas para coches de hace dos décadas. Si se trata de un modelo relativamente nuevo, contará con sensores de proximidad o cámaras de visión trasera que suele ser una gran ventaja.
5- Geometría y alineación
Debido a su altura y peso, los SUV son más sensibles a los desajustes en la alineación tras subir bordillos o pasar por baches pronunciados. “Una alineación incorrecta en un SUV provoca un desgaste irregular de los neumáticos en tiempo récord”, señala Víctor Pardo Lozano, Responsable de Mantenimiento y Reparación Electrónica de Norauto España.

